
El camerino que ocupa Maribel Guardia en el Teatro San Rafael es pequeño, apenas caben ella y alguien que la auxilia en sus cambios de ropa entre número y número en el musical «Perfume de Gardenia».
Pero por más reducido que sea ese espacio, es suficiente para mantenerse siempre acompañada de la presencia de Julián, a tres años de su fallecimiento, pero que a través de una gran fotografía acompaña a la actriz.
“Aquí está conmigo como andaba en los camerinos mientras yo estaba grabando telenovelas. También me lo llevaba cuando cantaba, él estaba chiquitito y me lo llevaba a los palenques; él se quedaba con la nana y lo bañaba en el lavabo del hotel y con shampoo le daba su baño de burbujas”, recuerda la actriz, conmovida, en entrevista.
“Yo, con todo y mi trabajo, no me quise perder esos años de él y ahora le doy gracias a Dios de que me lo prestó por 27 años”, añade en un tono más sereno.
El duelo no es una sensación nueva para Maribel, desde chica enfrentó la pérdida. Su madre murió cuando ella tenía nueve años, y su padre, cuando cumplió 18.
“Pero lo de mi hijo es un antes y un después. No volví ser la misma después de esto, él se llevó la mitad de mi corazón y tengo también la mitad del suyo”, dice, contenida.

Halla su refugio
Maribel admite que ha aprendido a sobre llevar todo a fuerza de voluntad. Ve en el trabajo una oportunidad para, de a ratos, entrar en la piel de personajes que le permiten sentir la vida de otra manera.
Actuar en «Perfume de Gardenia» ha sido fundamental en su proceso porque, dice, le permite sentir el calor de la gente a través de ovaciones fuertes que el público le regala en cada función.
“Cuando pasó lo de mi hijo las muestras de cariño fueron inmediatas y sinceras. Las mamás se me acercan: ‘Maribel, yo también perdí a mi hijo, me lo mataron…’ Otras me dicen: ‘Sé lo que sientes, yo también pasé por ahí’”, detalla.
La actriz aprecia la cercanía de quienes le han manifestado su solidaridad ante la pérdida de su único hijo, sin embargo, hay muestras que percibe al primer momento.
“Hay algo que se reconoce de mujer a mujer y sin palabras: el dolor. Con tan solo un apretón o un abrazo siento que compartimos el alma; el abrazo entre madres es especial, yo siento su dolor y yo sé que ellas pueden sentir el mío, nadie me puede entender mejor”.

Hoy, la también cantante vive recargada en el apoyo de Marco, su esposo; en el cariño de los amigos y de Dios. Además, en el amor de José Julián, su nieto, a quien de momento no puede ver por diferencias con su madre, que las llevaron a buscar en las leyes un acuerdo.
“Ya no veo al niño, pero me quedo con estos ocho años que lo tuve conmigo, que lo disfruté, que lo amé y lo amo, me lo comía a besos; me quedo con esa partecita de su infancia“, expresa entre pausas.
Por ahora, sólo pide a Dios por la paz de su hijo, por volver a estar en contacto con su nieto y por la tranquilidad de otras madres que, como ella, han perdido a un hijo.
“Sé que tengo que aprender a soltar y a pedirle a la sangre de Cristo que lo cubra, que lo proteja porque sé que va a estar bien, y también pido por esas mamás que me fortalecen, porque entiendo que hay mujeres que han sufrido más que yo”.
Fuente: El Universal.





